EXPERIENCIAS COMPARTIDAS

 

Publicada en la Hoja Informativa de marzo de 2013:


… me invadió una profunda paz.

El año pasado tuve la oportunidad de participar en el taller de oración con el Padre Danilo. Esta experiencia marcó mi vida espiritual. Pude sentir la presencia de Dios a través de la sencillez con la que cada uno de nosotros manifestaba y reconocía sus necesidades y debilidades humanas.  Aunque al inicio éramos desconocidos, con el tiempo surgió un vínculo de fraternidad y tolerancia.

Mi motivación era la búsqueda de Dios en un momento de crisis personal. Necesitaba sanar heridas que requerían un perdón radical basado en las enseñanzas del amor de Jesús en la tierra, sin víctimas ni acusados, y ese espacio de apertura y humildad me permitió hacerlo de raíz.

Un día, el Padre Danilo nos pidió escribir algo a Jesús y leerlo en público si queríamos. Yo le escribí una poesía. Cuando terminé de leerla, lloré inconteniblemente frente a los demás. Después, sentí como un peso se retiró de mi pecho y enseguida sentí la liberación de todos mis problemas. Los veía con tanta distancia, que me daba la sensación que ya no eran míos.

Dicen que cuando el alumno está listo, el maestro llega, y mi participación en el grupo de oración sucedió en el momento correcto. Seguramente antes no lo hubiera entendido con tanta claridad.  Llegó cuando reconocí la necesidad de fortalecer mi fe en Dios.

 

Hace poco me enteré que tengo cáncer. Dicen que el cáncer viene acompañado de depresión. Pues ese no ha sido mi caso. Recuerdo que al enterarme de mi enfermedad, me invadió una profunda paz. Sentí nuevamente como si no fuera mi problema.  Aunque he sufrido fuerte dolor físico, el dolor no ha tocado mi alma. En ningún momento me                      he desesperado porque sé que Dios está conmigo.

Deseo transmitirles que no  estamos solos. La oración es una forma de sentir a Dios. Es difícil de  explicar pero comprensible para quien lo vive.  He concluido que el hombre sufre por no saber de Dios y recomendaría a quien se sienta listo, a participar en el taller de oración.

Lucrecia Brem

Del grupo Taller  de oración de Kloten

 Por razones de imprenta, en la Hoja Informativa se publicó solamente un resumen de la reflexión completa, que se adjunta a continuación:

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Mi taller de oración y vida:

El año pasado tuve la increíble experiencia de participar en el grupo de oración con el Padre Danilo Velastegui.

Esta experiencia ha marcado un cambio espiritual en mi vida, a pesar de que en el momento en el que comencé no era aun consciente de que Dios actuaba ya en mí.

No hace falta mencionar los temas que hemos tratado allí, pero sí podría contar mucho sobre los beneficios de la oración en grupo.  Pude darme cuenta de la presencia del Espíritu Santo a través de la sencillez con la que manifestaba cada uno de nosotros nuestras necesidades sin reservas, reconociendo nuestras debilidades y necesidades humanas.  A pesar de que éramos al comienzo desconocidos, surgió con el tiempo un ambiente de fraternidad, solidaridad, comprensión y respeto mutuo.

Mi motivación fue en primer lugar, una consciente búsqueda de Dios en un momento de crisis personal. En primer lugar necesitaba que el Señor de la Misericordia  me ayudara a sanar heridas que según yo ya había perdonado hacía mucho tiempo. Sí, ya las había perdonado pero con un corazón pobre aunque; yo no era consciente que lo que mi vida necesitaba era de otro tipo de perdón; un perdón radical, un perdón basado en el amor de Dios; un perdón donde no hubiera víctimas ni acusados y ese espacio de apertura y humildad me permitió hacerlo de raíz.

Quiero contar pues una de las anécdotas más significativas que tuve en el grupo de oración.  El Padre Danilo nos pidió escribir algo a Jesús a nuestro modo y luego leerlo el público si queríamos. Yo decidí escribirle una poesía. Cuando terminé de leerla lloré irremediablemente frente a todos los que estábamos allí, de una manera que no me permitía contener mis lagrimas. Después sentí como un peso se retiró de mi pecho; indescriptible.  De pronto sentí un profundo bienestar, paz interior y liberación total  todos mis problemas. De repente los veía con tanta distancia, que me daban la sensación de que ya no eran míos.

Admito que durante muchos años fui una católica en teoría. Bautizada, confirmada, primera comunión, misa los domingos, confesión, etc. En las misas siempre estuve tibia. Presente de cuerpo, pero con el corazón  lejos de Jesús. De alguna forma estuve ciega y sorda. También entiendo que no hubiera podido suceder de otra manera. Dicen que cuando el alumno está listo, el maestro llega. Cada cosa a su momento, y puedo decir que mi participación en el grupo de oración llegó en el momento correcto de mi vida. Probablemente antes no lo hubiera podido entender ni vivir de la misma forma. La oportunidad llegó a mí en un momento en el que me sentía con mucha tranquilidad interior, pero con la necesidad de tener más fé  en el Señor de la Misericordia.

A mediados de octubre 2012, ya habiendo participado en el grupo de oración, me he enteré que tengo cáncer. Dicen que el cáncer normalmente viene acompañado de depresión, a tal punto que algunas personas deciden suicidarse luego de recibir la noticia. Puedo decir mirando a cualquiera de ustedes a los ojos, que ese no ha sido mi caso. Recuerdo que al enterarme, salí del consultorio médico en absoluto silencio y tranquilidad. Una vez más sentí como si no fuera mi problema o no fuera yo la que estaba viviendo esta experiencia.  Gracias a mi fé profunda en Dios, que pude reforzar en el grupo de oración, aunque he pasado momentos de fuerte dolor físico, el dolor no ha llegado a mi alma. En ningún momento he estado desesperada  y he comprobado que la vida espiritual hace cambios grandes aun en momentos cruciales de la vida. Se que Dios está conmigo y eso me ha dado tranquilidad desde el inicio de esta experiencia.

Cuentan que en una ocasión la Madre Teresa de Calcuta fue a un programa de radio, y el locutor afanado por la gran admiración que sentía hacia ella, le ofreció su ayuda. Quería ayudar, y le preguntó varias veces de qué manera podía ser útil. Él al tener acceso a un público tan amplio podría organizar una campaña de recaudación de fondos para la gente necesitada. Sin embargo ante las múltiples ofertas ese mismo día, ella siempre contestaba con un amable “No, gracias”. Al final, al ver la desesperación del hombre por hacer algo, le dijo que si quería ayudar al prójimo, se levantara al día siguiente a las 4 de la mañana y convenciera a un habitante de las calles que no está solo, pues la más grande carencia justamente no es económica, sino espiritual.

Eso es exactamente lo que yo siento y quiero transmitirles. No estamos solos. La oración es una forma de acercarnos a Dios y sentir su presencia. Es una sensación maravillosa, silenciosa y difícil de explicar pero comprensible para quien la vive.  He llegado a la conclusión de que el hombre sufre por no saber de Dios y recomendaría a cualquiera que se sienta listo, a participar en el grupo de oración.

Lucrecia Brem

 

+ Lucrecia ha ido a la Casa del Padre el pasado 28 de abril. 

Toda la comunidad misional eleva al Padre Eterno una oración de acción de gracias por haber podido compartir con ella la celebración de la fe cristiana, y le Pide al Cristo Resucitado, le conceda el descanso eterno. RIP.

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Publicada en la Hoja Informativa de abril de 2014:

Esas experiencias de vida y lo curioso de sus respuestas, o dónde encontré  a Dios.

Y con la enfermedad, llegaron tiempos difíciles, muy difíciles, miedo no: pánico, incredulidad.  Una mala pasada del destino.

Me compré un cuaderno verde esperanza y comenzé a escribir.

Repasando ese cuaderno lleno de tesoros me sorprendo de la profundidad de las reflexiones y la claridad de las afirmaciones. Recuerdo con emoción las tardes sentada en un banco de la iglesia, llorando la tensión del momento, el miedo al diagnóstico. En ese momento en el que todos los pilares de tu existencia se tambalean cual  catamarán mar adentro. A mí sólo me da vueltas y más vueltas una palabra en la cabeza y me cosquillea un sentimiento en el estómago.  Agradecimiento,  GRACIAS, GRACIAS me repito una y otra vez hasta que no me quedan más lágrimas que derramar. Y después, una paz interior como pocas veces había sentido. Me debo de estar volviendo loca, pensé en esos momentos. Hoy en dia estoy segura de que fué la mano de Dios que me estaba llevando en volandas a mí y a esa casi insoportable carga. De la misma manera que puso tanta gente necesaria a mi lado que me acompañó durante el proceso. ¿Cómo me va Dios ha dejar sola en esos momentos?

De esa misma manera nace en mí una y otra vez esa inquietud de búsqueda interior.  Casi siempre han sido y son puras casualidades o necesidades del momento,  las que me han acercado a Dios. En plena pubertad  la entrada por casualidad -acompañando a mi amiga- al grupito de preparación a la confirmación en la parroquia.  Aprender a ser consciente de que esas casualidades son la mano de Dios que no deja de darnos oportunidades de acercamiento, es todo un reto.

Entender esas cadenas de coincidencias que me llevan una y otra vez a tomar contacto con comunidades donde se vive la religión de una manera natural y cotidiana. La parroquia de la ciudad donde nací, los grupos juveniles donde encontré tan buenos amigos.  Más adelante y ya en plena inmigración la acogida incondicional en las diferentes comunidades misionales en Europa.  El hecho de que justo en la comunidad donde vivo en Suiza haya un coro de habla hispana, deja de ser una casualidad, es casi un milagro!

Encontrarse con Dios, en todas esas experiencias de recogimiento retiro y reflexión que me hacen parar y desconectar un poco del torbellino de la vida y me llenan de nuevas energias para una buena temporada. Aprender a vivir un ratito de silencio cada dia, darle una tregua a las preocupaciones y dejar en manos de Dios lo que supera mis capacidades.  Tener momentos de silencio regularmente es simplemente hacerle un huequito a Dios, dejarle el espacio vacio y permitirle la entrada.  ¿Donde se va ha meter si no ?

Mirar en dirección a Dios, es querer aprender ha hacerlo de una manera libre, consciente e inconsciente.  Darse la oportunidad de traspasar esa barrera de vivir una religión infantil, romántica y misteriosa.  Mirar hacia adelante y aprender a vivir con la mirada puesta en Dios y en los demás, percibir como se mueve el mundo y lo que sienten los demás, con esa perspectiva especial que traspasa lo superfluo y llega a la raiz de las cosas y las personas. Aprender a creer porque quiero creer, porque es mi decisión y confío en que es lo mejor.

Encontrarse con Dios es disfrutar de todos esos buenos momentos de risas,  compañia,  diversión,  y alegría que ayudan a vivir la vida con la intensidad que se merece.  Encontrarse con la naturaleza cara a cara,  vivir los cambios de clima con alegria y pensar que todos y cada uno tiene su sentido de ser, aunque no encajen con nuestro momento.  Disfrutar del juego, tanto como los niños, ellos viven para jugar  y aprenden jugando. Se puede ganar o perder, hay que apostar o dejarse llevar, obedecer o mandar, exigir, tolerar… puede llegar a ser tan divertido!

Encontrarse con Dios es tener la valentía de reconocer que hemos traspasado nuestros límites, que nos hemos equivocado, que hemos hecho daño.  Que nos falta humildad. Pedir perdón, sentir que somos perdonados.  Aguantar las „palizas“ de la vida que nos hacen crecer como personas.  Reconocer cuando hay desconfianza, aprender a vivir el dolor de los sentimientos heridos, cambiar actitudes. Es fácil amar a otra persona cuando todo va bien.

Encontrarse con Dios es estar orgulloso y convencido de lo que haces cada dia, hacer tu trabajo diario consciente de que es una aportación para tí, para tu familia, para la sociedad.  Involucrarse en actividades que  te lleven a conocerte mejor a tí mismo  y así  aportar algo para conseguir un mundo mejor,  sabiendo que mejorar tu entorno es hacer un mundo más agradable.

Encontrarse con Dios es tener el privilegio de poder compartir la experiencia de sentir la presencia de un ser que te desborda,  teniendo total libertad de actos y elección  y confiar plenamente en El.

Tomar consciencia de que Dios está siempre a nuestro lado. Incondicionalmente.

¿Cuánta belleza puede albergar un momento difícil?

Raquel Seral

Miembro de la MCLE K-W